Así se titula el nuevo libro del premio nobel de literatura José Saramago. En él hace una critica a la biblia tachándola como un manual para justificar violencias e insultos. Al parecer sus declaraciones ya han tenido reacciones polemicas, especialmente en su país natal, Portugal.
El nombre del libro refiere a la historia biblica de Cain y Abel, historia en la que Saramago se muestra en total desconteto por los valores de que ahi se muestran. En una entrevista, en confrontación con el padre Carreiro Das Neves, Saramago, entre otras cosas, defiende su postura y justifica su autoridad en tocar dicho tema por haber estado toda su vida profundamente sumergido en una tradición religiosa. Cuestiona a la iglesia preguntándo quién le dio el derecho para interpretar los textos biblicos, hablar por Dios.
Termina diciendo, que entre los derechos humanos, falta el derecho a la herejía.
Un libro que sin duda hay que tomar en cuenta, si bien por lo interesante del tema, por el siempre extraordinario estilo de este escritor
Mircea Eliade dice que las «historias falsas» pueden contarse en cualquier momento y en cualquier sitio. Los <<mitos>>, empero, se recitan durante un lapso de tiempo sagrado (generalmente durante el otoño o invierno, y unicamente de noche).
De Noche...
Entonces, podemos decir que desmitificar es convertir lo que se cree sagrado en una historia falsa. No dudo que sea un ejercicio favorable para nuestra sapiencia solipsista dejar atrás lo que otros creen para convertir nuestra propia historia en la <<verdadera>>. Desmitificamos para arrojar mitos que llevan nuestro nombre, donde la genesís de nuestros actos, del mundo, de los animales y las plantas, se justifican sin dioses estorbosos, con clara conciencia de negación divina, pero con aceptación historica.
Volver atrás y mitificar lo ya desmitificado, eso que se dejó de creer, aún sin quererlo, no es posible. Pero, sólo hoy, como ejercicio de ocio, cuando debo terminar un ensayo en pocas horas para la escuela, reflexionemos en nuestras "historias falsas" por un momento y recordemos lo comodines que eramos entonces, lo magico-religiosos que alguna vez fuimos.
Pienso en lo lejos que se encuentra el individuo de entender la totalidad. Habrá quien la niegue, yo en cambio no podría vivir sin la esperanza de poseer en mi mente algo absoluto. Consciente soy que no es tarea de uno el aprehenderla, sino que es papel de la historia y de la evolución mostrarla. Pero qué bello es soñar que, en mi efímero espacio y tiempo, esa complejidad es posible.
Y entre ciencia, metafísica y mística, se encuentra una “filósofa” tratando de creer, al mismo tiempo, en lo que creen los científicos y poetas. Ya alguien en la época romántica dijo que: "el tipo de filosofía que elijes, representa el tipo de hombre que eres".