Sí, sigo enamorada y sucede con más fuerza cada vez, después de una reunión, en el café, en la comida, entre mis estudios:

-¡no puedo apartar mi mente de ti!-

Que absurdo, aunque sé que jamás tendré la oportunidad de volver a tenerlo de la misma manera, lo sigo deseando. Es mejor que rehúse de aquella triste idea y regrese al hábito.
-¡Adiós para siempre!-

Adiós mi querido pastel de tres leches, nadie como la abuela para crearte tan suculento, con merengue de fresa y relleno de alegría. Ella se fue, y tú con ella. En cada postre, pastelería del mundo y respiro, mi corazón seguirá con los dos.