Sin duda todos tenemos mejores amigos/as con quien desahogarnos y sentirnos sanos. No hay cosa más reconfortante que salir corriendo, luego de un enorme o minúsculo problema, a los comprensibles brazos de tus amigos/as. En lo personal, mis amigas son la cura perfecta para los momentos de antipatía hacia lo que me rodea (sobre todo hacia ciertos representantes del género masculino). Al contarles mis penas me compran un helado, lloró y me llevan al cine, insulto y compartimos un café en el centro de la ciudad. Luego de hacerme sentir la mujer más bella y digna del mundo, nos despedimos con un buen chisme local de la semana y un abrazo masivo. Ya en casa es imposible pensar en “mi problema” por darle vueltas al chisme local. Me veo en el espejo y visualizo brillo en mis ojos (aparte de algunos kilos menos), abrazo mi almohada, cierro los ojos y suspiro contenta… ¡Momento! (abro los ojos) ¡Esto es realmente extraño! -¿Acaso seré una homosexual sentimental y una heterosexual carnal?-