Lo sé, purificarse no es nada fácil y, según he observado, la dificultad se duplica con el tiempo. Lo que al principio eran pequeñas erupciones de rabia y melancolía, el tiempo se ha encargado de convertirlas en verdaderos desastres naturales. Lluvia, relámpagos, sequías amenazando periódicamente con fuerza. Las medidas han sido tan drásticas desde entonces, que algunos habitantes aledaños se han visto con la necesidad de crease alarmas especiales para salir huyendo en caso de peligro. Después de todo, el arcoiris de la calma. El mar se vuelve a llenar, silencio:
-¡amo estos momentos!-

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