La madrugada brilla en los ojos de mi gato. El aire corre entre las cortinas del cuarto. Pienso, como siempre, en lo que debo hacer más que en mi misma. En mi mente dan vueltas los objetos, las responsabilidades, los otros. ¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?
Pareciera que me confundo entre las cosas a las que pongo atención, en todo aquello que toco y pienso. Al hablar de mí cometo el error del niño al que le preguntan por la jirafa y termina hablando de las manchas.