Este post esta en contra de preguntas como:
-¿Te digo algo y no te enojas?-.(-¡Ya me enojé!-)
-¿Ni te imaginas quien preguntó por ti?-.(-Fuera de Diego Luna neta no me importa-)
-¿Me harías un grandísimo favor?-.(¡!)
-¿A quién crees que atropellaron?-.(-Mhm Déjame pensar ¿quién es el más borrachin de mis conocidos?)
-¿A que no sabes quién se embarazó?-.(-¡Yo no y con eso me basta!-)
Y lo que es peor, que te digan con su cara llena de alegría: -¡ADIVINA!- cuando no sabes que diablos responder y apenas estás digiriendo la morbosa interrogación.
Luego de hacer todo un repaso de los posibles atropellados, embarazadas, enemigos, defectos, etc., uno se da por vencido a propósito y sé dispone a escuchar un chisme que no le corresponde fingiendo interés para que el interlocutor crea que su tosca pregunta surgió efecto (nota: a veces sí funciona).
Pues bien, el día de hoy me enfrenté con una de esas ociosas preguntas en mi clase de metafísica. A la interrogación que nuestro erudito maestro lanzó en clase: -Alumnos, les tengo una buena y una mala noticia, ¿cuál prefieren?- y a la cual nadie se atrevía a responder, me sentí con ganas de salir huyendo del salón con pena ajena.
El maestro, al ver nuestras caras de frustración frente a su inquietante pregunta, dijo lo siguiente:
-Piensen bien la respuesta, pues recuerdo la anécdota de un carcelero que le preguntó a los prisioneros:
-Hey bastardos ¿Qué quieren: la buena o la mala noticia?-
A lo que lo que los presos en unísono respondieron:
-¡la mala, la mala!-.
-Bien, la mala es que hoy comerán vómito- dijo el carcelero
-¿Y la buena?- gritaron todos con esperanza
-¡Mhm,La buena es que hoy hay ración doble!-

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