Cuenta la leyenda que cuando una mujer cercana a ti se embaraza, la grandeza de la ocasión hará que sientas una entrañable susceptibilidad ante la vida. Ese estado sentimental de la “no embarazada”, comúnmente llamado “chipi”, mágicamente la hace sollozar y suspirar dentro de una misteriosa oleada con olor a nuevo.
Hace más de un mes, mientras el comercial de la TV me hipnotizaba con la imagen de un hablantín bebé recomendándome comprar “Pampers” y mi escueto desayuno se quemaba, me sentí con verdaderas ganas de, sin aún llorar, que alguien me consolara. ¿Porqué de repente un comercial que antes creía denigraba la imagen del niño al ponerles corbatitas, zapatillas y lentes, ahora me hacía sentir profundamente conmovida?
-¡Un bebé!- pensé -¿Por qué lloro por un bebé?-
Treinta segundos después, el siguiente comercial me alteró más que el anterior:
-¡American Express!- pensé-¿Por qué lloro con la imagen de Robert de Niro haciendo suyas las calles de Nueva York?-
El hecho era que, desde ese momento, cualquier imagen, palabra, olor que atrapara a mi mente y corazón, llevaría una enorme carga de sentimentalismo y profundidad.
Nunca creí que aquella arcaica historia del efecto que puede causar una mujer embarazada fuera cierta. Ahora, con la espera del bebé que descansa en el cuerpo de mi entrañable amiga de la infancia, y con la mágica secuela que aquello deja en mi, me asombra el hecho de comprender la fuerza que una nueva vida ejerce, aún antes de nacer, en las personas que, sin saber que está en camino, ya la esperan.

Yoy
30 sep 2006 | 07:01 PM
noufera...donde estás? queremos más!!!