
Días para celebrar a los que ya no están. Para saborear la muerte en el pan y los dulces. Noches en que las almas se hacen presentes para visitar sus casas, sus gentes, la esencia de lo que en vida disfrutaron. Los vivos sueñan mientras los muertos viven. La catrina se convierte en la mejor anfitriona de la fiesta, nos acerca a la nostalgia, los recuerdos y la presencia. Llegan a las ocho de la noche, se iluminan por la luz y el calor de sus ofrendas, observan a sus familias reunidas, conocen y conviven con los que acaban de llegar. Vivos y muertos recuerdan, la noche se hace mágica. Siguen los cantos y las flores por todos lados, talcomo lo deseaba Nezahualcóyotl :
¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores
Dejemos al menos cantos
foto: Mary Andrade

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