Lynn Margulis y Dorion Sagan nos acercan al misterio de la vida a través de un recuento histórico que nos revela toda una serie de estudios e hipótesis de carácter científico y humanístico, con el fin de ampliar el panorama de nuestra existencia y replantear así nuestras creencias. Los autores van entresacando su propia teoría de la vida mientras exponen de manera dinámica y objetiva otras creencias históricas que tienen que ver con esta misma pregunta. Desde el primer capitulo ya nos comienzan a revelar una pieza crucial en la construcción del rompecabezas, la hipótesis de la bacteria en evolución como causa de la vida, hipótesis presentada sin prisa y con cierto dejo de suspenso mientras se tejen otras viejas explicaciones que, a su vez, refuerzan y dan sentido a sus conclusiones. Así, la historia y la evolución, tanto en los organismos como en el pensamiento, se vuelven piezas destacadas en la lectura de ¿Qué es la vida?
La pregunta por la vida es crucial para el humano. Sin importar el modo en que esta interrogación se desprenda, ya sea por la impresión que causa un nacimiento, por el impulso de mantenerse vivos o el miedo a la muerte, el hombre a encontrando su respuesta en el mito y la ciencia. Dos herramientas que han dado sentido y explicación, que ayudaron a formar creencias, principios y unidad. No obstante, las creencias míticas se vieron desplazadas con el tiempo y el hombre ha mostrado su capacidad de observar la naturaleza y confiar en lo que la materia puede decir de sí misma (de la generación espontanea de los mitos religiosos a la evolución y leyes de supervivencia que arrojan los fósiles). Así, una vez posicionada la autoridad de la ciencia en la pregunta por la vida se abren nuevos caminos de discusión, de ensayo y error. La vida: “es un proceso físico que cabalga sobre la materia como una ola extraña y lenta”. Se abre y despliega sus formas mediante la evolución que gracias a la sinergia da paso a nuevos organismos con mayor complejidad en un espacio holárquico en donde el todo no es superior a las partes. El hombre se sabe evolucionado gracias a la evolución, ella se manifiesta en la vida como superación y adaptación. El complejo de uniones y metabolismos autopoyéticos que mantiene una actividad y producción continua de la vida, nos revelan nuestra propia autoconstitución y equilibrio. Sin embargo, el paso de la evolución, más que cerrar la ronda de preguntas, hace que surjan nueva interrogaciones que enriquecen la cadena de investigaciones. Preguntas tales como ¿Qué fue aquello que originó el despliegue evolutivo y hacia dónde se dirige este proceso? son las que exaltan el espíritu del hombre que desea profundizar acerca de la vida. Ya sean dioses creadores o partículas extraterrestres de bacterias, dentro de cada nuevo paradigma de creencia se abren preguntas novedosas y de mayor complejidad. El hombre sigue en una indagación constante y son aquellas pequeñas y lejanas señales de la conciencia y la materia que lo motivan en su búsqueda.


Ezequiel - Arg
26 ago 2008 | 09:26 AM
Es bastante objetivo.
Gracias por compartirlo!
mua!!
Enrique
27 ago 2008 | 07:45 PM
"Ella [la evolución] se manifiesta en la vida como superación y adaptación"... Me surje una reflexión de esto.
Las entidades complejas, logradas después de un largo proceso de evolución, ¿son en realidad superaciones? ¿Es que están ciertamente más adaptadas a la totalidad o a las contingencias que se les presentan? Dudo que la respuesta surja de "observar la naturaleza y confiar en lo que la materia puede decir de sí misma". Sospecho, incluso, de que este último enunciado tenga siquiera algún sentido claro.
La complejidad es sorprendente y prometedora. Si miramos nuestro propio cuerpo nos percatamos de la gran inteligencia con la que se abrió paso la vida que recibimos, llevamos y transmitimos. Pero si prestamos atención podemos darnos cuenta que mientras más complejos somos, también somos más dependientes, esto creo tiene que ver con el espacio holárquico al que aludes. Justamente porque habitamos una circunstancia así es que no veo la superioridad de las entidades complejas.
Pensemos por ejemplo en el cuerpo humano. Se sabe que puede padecer de múltiples enfermedades cuya cura es desconocida. Lo más a lo que llegamos frente a estos males, y sólo cuando sabemos que el padecimiento de hecho está presente, es a darles un tratamiento especial, a veces bastante costoso, que alenta el avance de la enfermedad. Para algunos, estas medidas no son sino una prolongación del sufrimiento, para otras es una esperanza, significa ganar tiempo y esperar encontrar el alivio, pero en el 99% de los casos su alivio es la muerte. Existen varias enfermades crónicas autoinmunes que no podrían ser mortales si el ser humano no fuera tan complejo, digamos el LES (Lupus Eritematoso Sistémico), una enfermedad que se mantiene oculta y que engaña al cuerpo enviándole información innecesaria y haciéndolo objetivo de sus propias armas. Podemos idear muchas técnicas para combatir esto, pero el exceso de elementos y funciones en el organismos hacen sencillamente inoperable o impracticable una cura, se requiere un esfuerzo demasiado específico. Pasa lo mismo con la información que puede circular digitalmente, es tanta la basura que se produce que parece imprescindible poner en marcha mecanismos de censura y restricción de la información digital.
La complejidad no es un logro, se nos presenta como una posible respuesta, es plausible que satisfaga algunas necesidades, pero no la creo superior. Y otra cosa, sé que no es lo mismo, pero tampoco pasemos por alto que en nuestra lengua la complejidad y la complicación se encuentran emparentadas.
Mientras más simples, más determinados son los entes, más claros y confiables (nada tan prometedor como un protozoo, se sabe cómo fulminarlo y de la mayoría de las cosas que cabe esperar de él); mientras que si los entes son más complejos, se vuelven más dependientes o comprometidos por otros agentes no siempre conocidos, quien sabe si cognoscibles.
Yoy
6 sep 2008 | 05:47 AM
Que mejor que ir surfeando en esa ola.:: lenta y extraña....: evoluciòn tour! jaja! Besitos autopoyeticos