La mayoría de las oportunidades vienen a través de los riesgos. Arriesgarse al proyecto que nos empuja a la vida, a la vida que nos empuja a los proyectos, es lo que nos mantiene “yectos” en el mundo. La libertad es el primer fundamento de nuestra existencia y es en ella donde calculamos el riesgo. Calculamos por la razón, nuestra intelectualidad nos pide discernir, definir y entender, pero tomamos riesgos por medio de nuestra intelección que, sentientemente (por medio de los sentidos), nos religa (poder “de” la realidad y poder “en” la realidad) al mundo. Así, entre la intelectualidad y la intelección, somos empujados, y al mismo tiempo empujamos, a la realización de proyectos, incluso de aquellos no planeados que llamamos riesgos.

Cuando no aceptamos tomar un riesgo es por que nuestra intelectualidad discernió las consecuencias: “es mejor no hacerlo porque…” Las razones son válidas en el contexto de aquél que prefiere mantenerse en su lugar. Cuando la manecilla apunta a favor del riesgo es por que el sujeto se encuentra listo, o cree estarlo, para cambiar o crear una situación, ya sea fija o momentánea. Por ello, no creo que puedan existir riesgos sin cálculo.

Más allá del valor ético de los riesgos, es decir, de lo bueno y lo malo en ellos, me es grata su constante invitación, para mí y los míos. A diario nos mantiene re-planteando nuestra existencia. Es una cadena que afecta a todos, a pequeña o gran escala. Si tomas un riesgo impregnas a otro de él, para bien o para mal (por ello, la intelectualidad insistió fervientemente en colaborar con el cálculo).

Nuestra vida se rige por riesgos (calculados) que nos invitan a reflexionar en la libertad que nos mantiene sumergidos en proyectos. Por ello hay que agudizar siempre nuestra intelectualidad a favor de nuestra intelección, que nos sumerge a realizar y realizarnos en el mundo.

Para mi Glow, que abraza su riesgo, con cariño…